/ Jean Baudrillard

El otro por sí mismo (1987)
Jean Baudrillard

Resulta paradójico establecer el panorama retrospectivo de una obra que jamás se ha pretendido prospectiva. Es como cuando Orfeo se vuelve demasiado pronto hacia Eurídice y con ello la envía para siempre a los Infiernos. Hay que hacer como si la obra se preexistiera a sí misma y presintiera su final desde el principio. Esto puede ser de mal augurio. Sin embargo, hay ahí un ejercicio de simulación capaz de entrar en resonancia con uno de los temas fundamentales del conjunto: hacer como si la obra estuviera cerrada, como si se desarrollara de una manera coherente, como si siempre hubiera existido. Así que no veo otro modo de hablar de ella sino en términos de simulación, un poco a la manera como Borges reconstituye una civilización perdida a través de los fragmentos de una biblioteca. +

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La ilusión vital
Jean Baudrillard

La cuestión concerniente a la clonación es la cuestión de la inmortalidad. Todos anhelamos la inmortalidad. Es nuestra fundamental fantasía, una fantasía activa también en nuestras modernas ciencias y tecnologías: activa, por ejemplo, en la congelación de la suspensión criogénica y en la clonación en todas sus manifestaciones. El ejemplo más conocido de suspensión criogénica es, por supuesto, Walt Disney, pero al estar destinado a la resurrección, se dice que ha sido congelado entero, en su “integridad”. Hay más situaciones anómalas. En nuestros días, en Phoenix, Arizona (el lugar predestinado para la Resurrección), sólo se congelan las cabezas, porque a partir de las células del cerebro —consideradas como el núcleo del ser individual— los investigadores esperan reconstituir a los difuntos en su integridad corporal. (No puede sino sorprender por qué, en este caso, no conservan simplemente una sola célula o una molécula de ADN.) +

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